Anuncian en los medios que el Amo de la lluvia tiene ganas de llorar. Es necesaria su pena para calmar la sed agrietada de la tierra que sangra polvo inerte. Es necesaria su baba para ofuscar el anhelo líquido de los suelos yermos que ansían la paz. Es necesario que me riegue el pecho ardiente de cielos roídos y escamas escarpadas cansadas de sol. El Amo de la lluvia se burla, se comieron el amague.
Los bufones ya no lo hacen reir, se lamenta de su suerte y se hecha a balbucear, a derramar agua de llanto azul. Se siente un respiro: El de aquella vida que moría en los granos ranurosos del maíz enterrado en cementerios de lava volcánica. ¿Y yo qué hago en medio de esto? Me pegó duro ver llorar al labriego, me dolió hondo recordar la llanura...y me lastimó la piel ese chaparrón constante que me amenazó en la playa y descargó su furia sobre mis ruedas. Mi mochila se bañó por primera vez, desde mi cumpleaños, allá por Mayo...¡Felicidades!
Lágrimas azules cargadas de frenesí extásico. Orgasmo de vida...¡Puta que vale la pena estar vivo!
Gotas de esperanza azul, quitando las máscaras de un amarillo rugoso, se desprenden de la cara del Amo de la lluvia que esconde, bajo su manto, puertas abiertas bañadas de paz...
EUGE COOL 86
No hay comentarios:
Publicar un comentario