Un amanecer londinense. No se trata de Londres, sino de una ciudad cualquiera presa de la bruma traicionera que oculta tras su manto los pequeños vestigios que denotan que quizás fue una noche de luna. El frío no da tregua. Bruma y frío se disputan la corona de lo que pretende ser la mañana.
Ella se levanta. Ella desayuna y enciende el televisor. Las noticias sólo cuentan los muertos de la peste. Infectados en todos los sectores. Enfermos de la paranoia y el caos. Víctimas de la desolación e indefensos ante el predador que habita en sus hogares. Y mientras tanto… se sigue especulando…
Ella no tiene miedo. Ella no piensa, no teme, no enloquece. En su vida todo es paz. Tras las cortinas se devela la realidad exterior, la soledad urbana. Se abriga y sale.
En la avenida se escucha el toc-toc de unos tacones y con ellos, una sombra. Una lejanía pulcritud de curvas que atraviesa el cemento rumbo a un destino, su destino. Los autos, en silencio. Amaneció hace un rato, pero aún no se nota.
Ella camina siempre mirando al frente ¿Hacia dónde? No se sabe. La esperan. Acelera el paso. Choca la niebla y se pierde….
********
¡Noticia de último momento!
La epidemia se cobra una nueva víctima.
EUGE COOL 86
martes, 7 de julio de 2009
PAISAJES
El espacio pinta una gruta en la esfera celeste del sol, hacia la cuenca del ocaso.
Árboles con espinas se ensalzan de contraer las nubes que deliran sobre la alteridad del bosque.
Busquémonos por los pasadizos de hiedra y Pan. Amémonos en la desértica maleza de aquel frondoso eucalipto.
Besémonos en la hierba, que el horizonte marque con sus dedos las líneas de tu espalda.
Abandonemos el pasado en el eco del aire, en la piel del sol, en la gracia del agua
De rodillas, giremos al absurdo.
Sonrisas de vidrio, cordeles de lata. Tu nombre.
El espejo, la jaula, mi vida
La tuya
Ojos pastel, edades de hierro
Los años.
Tu pelo
Fuego
Lechos de fantasía. Sangre, sudor y lágrimas
¿Me olvido algo? Ponlos aquí, en la valija.
Me los voy a llevar de viaje, a recorrer los internos círculos que deja la calma posada en el lecho.
Escudo
Lo cierro
Descanso. Te encuentro.
Paisajes... de adentro.
Árboles con espinas se ensalzan de contraer las nubes que deliran sobre la alteridad del bosque.
Busquémonos por los pasadizos de hiedra y Pan. Amémonos en la desértica maleza de aquel frondoso eucalipto.
Besémonos en la hierba, que el horizonte marque con sus dedos las líneas de tu espalda.
Abandonemos el pasado en el eco del aire, en la piel del sol, en la gracia del agua
De rodillas, giremos al absurdo.
Sonrisas de vidrio, cordeles de lata. Tu nombre.
El espejo, la jaula, mi vida
La tuya
Ojos pastel, edades de hierro
Los años.
Tu pelo
Fuego
Lechos de fantasía. Sangre, sudor y lágrimas
¿Me olvido algo? Ponlos aquí, en la valija.
Me los voy a llevar de viaje, a recorrer los internos círculos que deja la calma posada en el lecho.
Escudo
Lo cierro
Descanso. Te encuentro.
Paisajes... de adentro.
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