La cita contigo mismo será en el instante en el que tu mente atraviese la esfera celeste. Te sentirás volar abismalmente sobre la superficie yoica que limita con el ensueño. Estará todo en penumbras, de no ser por ese rayo que rasga el cielo en dos haciéndolo expurgar un par de lágrimas de dolor. Todo duele, todo pasa. Como ese gato negro que me cortó la observación. En supersticiones no creo, pero si me intentó engualichar, que el diablo le de el doble de lo que me desea. El diablo, la solapa y la hermana que mis padres no me dieron. Púdranse en el averno con gato y todo!
Seguís volando. Te frotás los ojos porque te arden de tanto mirar el fuego y las velas derretidas de la mesita de luz. Ese vuelo debe ser alto, debe sangrar las olas, debe voltear bolas y balas (y no estoy hablando del fasso).
La cita contigo mismo brindará champagne, cenará hamburguesas y de postre, el alba. La cita contigo mismo te espera, sé puntual. Ponte el chaleco de seda y lánzate al delirio, las presas y las moscas. La cita contigo mismo tiene soles de tormenta amarga que te seducen y te tientan a copular con ella. Vete...
EUGE COOL 86