martes, 7 de julio de 2009

¿Dónde?

Un amanecer londinense. No se trata de Londres, sino de una ciudad cualquiera presa de la bruma traicionera que oculta tras su manto los pequeños vestigios que denotan que quizás fue una noche de luna. El frío no da tregua. Bruma y frío se disputan la corona de lo que pretende ser la mañana.
Ella se levanta. Ella desayuna y enciende el televisor. Las noticias sólo cuentan los muertos de la peste. Infectados en todos los sectores. Enfermos de la paranoia y el caos. Víctimas de la desolación e indefensos ante el predador que habita en sus hogares. Y mientras tanto… se sigue especulando…
Ella no tiene miedo. Ella no piensa, no teme, no enloquece. En su vida todo es paz. Tras las cortinas se devela la realidad exterior, la soledad urbana. Se abriga y sale.
En la avenida se escucha el toc-toc de unos tacones y con ellos, una sombra. Una lejanía pulcritud de curvas que atraviesa el cemento rumbo a un destino, su destino. Los autos, en silencio. Amaneció hace un rato, pero aún no se nota.
Ella camina siempre mirando al frente ¿Hacia dónde? No se sabe. La esperan. Acelera el paso. Choca la niebla y se pierde….
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¡Noticia de último momento!
La epidemia se cobra una nueva víctima.



EUGE COOL 86




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